
Este domingo murió Charlton Heston, uno de mis actores preferidos. No quiero hacer una biografía de él, pues para eso pueden buscar en google y la hallarán junto con su extensa filmografía.
Heston protagonizó la película número uno de mi ránking personal de filmes, The Planet of The Apes.
La película, como algunos sabrán, está basada en el excelente libro de ciencia ficción del francés Pierre Boullet, en que dos astronautas encuentran dentro de una “botella” a la deriva en el espacio, un diario de vida que cuenta una fantástica historia: cómo, en una especie de salto cuántico, una misión francesa va a parar a un planeta donde los hombres son animales y los simios dominan el mundo.
En el filme de 1967, el director Franklin J. Schaffer recrea la esencia de la historia. El protagonista, único sobreviviente de una misión espacial estadounidense, se relaciona con unos simios científicos que lo rescatan de la esclavitud y, en definitiva, de la muerte, destino seguro de los humanos que cometen el Gran Pecado: Hablar.
En las metáforas de la peli, Heston se nos rebela como un genio de la actuación. Dos imágenes a modo de ejemplo: 1) Al llegar a ese planeta árido y aparentemente sin habitantes, y luego de comprobar que el resto de sus compañeros desapareció o falleció, hace la primera cosa que cualquier soldado gringo haría: plantar una bandera en el suelo conquistado. Pero su cara de derrota y el minúsculo tamaño de la bandera, lo dicen todo. 2) La escena final, llegando a la playa con su mina, donde encuentra la Estatua de la Libertad enterrada en la arena, y grita “¿qué hemos hecho?”.
He ahí la reflexión que este actor me provoca: cómo nos hemos ido convirtiendo en ciudadanos del Planeta de los Simios.
Siempre reprobé el violentismo de Heston como activista político, avalando la tenencia de armas. Eso lo alejó de la humanidad y lo acercó a la simiés de nuestro mundo, cuestión que su cameo como mono en el remake de la peli dirigido por Tim Burton en 2001, no hizo sino reflejar.
Pero si hay algo que de él valoro es que, pese a eso, nunca dejó de ser hombre. Nunca dejó de hablar por lo que creía, aunque estuviera equivocado y aunque mucha gente descartara su brillantez artística sólo por no amoldarse a la masa. Seguramente varios de sus colegas no harán homenaje a Heston, o le dedicarán un acto de desprecio similar al que se le hizo en los Oscar al también fallecido Elia Kazán.
Por lo mismo no dejo de preguntarme por la delgada línea que separa al simio del que no lo es. Qué difícil es permanecer a nuestro lado de la raya. Puede que sin darnos cuenta, en realidad, seamos simios, igual que los astronautas que encuentran la “botella” en el libro de Boullet…
Por ello rescato la frase de Heston, con la que titulo este escrito:
"La corrección política es tiranía con modales"
Heston protagonizó la película número uno de mi ránking personal de filmes, The Planet of The Apes.
La película, como algunos sabrán, está basada en el excelente libro de ciencia ficción del francés Pierre Boullet, en que dos astronautas encuentran dentro de una “botella” a la deriva en el espacio, un diario de vida que cuenta una fantástica historia: cómo, en una especie de salto cuántico, una misión francesa va a parar a un planeta donde los hombres son animales y los simios dominan el mundo.
En el filme de 1967, el director Franklin J. Schaffer recrea la esencia de la historia. El protagonista, único sobreviviente de una misión espacial estadounidense, se relaciona con unos simios científicos que lo rescatan de la esclavitud y, en definitiva, de la muerte, destino seguro de los humanos que cometen el Gran Pecado: Hablar.
En las metáforas de la peli, Heston se nos rebela como un genio de la actuación. Dos imágenes a modo de ejemplo: 1) Al llegar a ese planeta árido y aparentemente sin habitantes, y luego de comprobar que el resto de sus compañeros desapareció o falleció, hace la primera cosa que cualquier soldado gringo haría: plantar una bandera en el suelo conquistado. Pero su cara de derrota y el minúsculo tamaño de la bandera, lo dicen todo. 2) La escena final, llegando a la playa con su mina, donde encuentra la Estatua de la Libertad enterrada en la arena, y grita “¿qué hemos hecho?”.
He ahí la reflexión que este actor me provoca: cómo nos hemos ido convirtiendo en ciudadanos del Planeta de los Simios.
Siempre reprobé el violentismo de Heston como activista político, avalando la tenencia de armas. Eso lo alejó de la humanidad y lo acercó a la simiés de nuestro mundo, cuestión que su cameo como mono en el remake de la peli dirigido por Tim Burton en 2001, no hizo sino reflejar.
Pero si hay algo que de él valoro es que, pese a eso, nunca dejó de ser hombre. Nunca dejó de hablar por lo que creía, aunque estuviera equivocado y aunque mucha gente descartara su brillantez artística sólo por no amoldarse a la masa. Seguramente varios de sus colegas no harán homenaje a Heston, o le dedicarán un acto de desprecio similar al que se le hizo en los Oscar al también fallecido Elia Kazán.
Por lo mismo no dejo de preguntarme por la delgada línea que separa al simio del que no lo es. Qué difícil es permanecer a nuestro lado de la raya. Puede que sin darnos cuenta, en realidad, seamos simios, igual que los astronautas que encuentran la “botella” en el libro de Boullet…
Por ello rescato la frase de Heston, con la que titulo este escrito:
"La corrección política es tiranía con modales"
