
“La máquina transmisora de mensajes lanzó un agudo silbido. Enoch Wallace dejó el libro en el que estaba escribiendo y se levantó de la mesa para cruzar la habitación hasta la ruidosa máquina. Pulsó un botón, empujó una palanca y el silbido cesó. La máquina empezó a zumbar y el mensaje se fue formando en la placa, débil al principio y después cada vez más oscuro, hasta que por último se destacó claramente…” (Simak, Clifford D.; “Estación de Tránsito”, 1963, obra ganadora del Premio Hugo en 1964). (1)
Si la máquina descrita no es algo parecido a lo que hoy conocemos como Internet, ¿qué es? En la década de 1960, en el auge de la sci-fi, lo que importaba predecir era el futuro de las bombas, de las armas de destrucción masiva. La literatura de ficción ya se perfilaba como un género oscuro. Salvo en las space-opera, esas obras que se vendían y cambiaban en los quiscos, cuando la tele no era masiva, y que contaban las mismas historias de las novelas rosa y de vaqueros, pero en clave futurista, las novelas de ficción en general mostraban distopías, un futuro negro. Sin embargo, este maestro de la ciencia ficción (aunque de pocas publicaciones, siendo su única obra realmente importante la citada), consiguió adelantarnos con exquisita precisión la forma de comunicación que hoy nos convoca: la Red.
Cien años antes Julio Verne, el padre de la ciencia ficción, en su París en el Siglo XX, hablaba de máquinas parecidas a los computadores. Como nos los conocía se refería a ellas como algo parecido a los pianos… Describió un especial sistema de comunicaciones… Internet… Entre otras cosas… (2). El futuro de Verne era triste más que oscuro. No hablaba de un futuro mediato, sino de nuestros tiempos. Lamentablemente muchas de sus predicciones hoy se nos presentan como algo real, y no me refiero a los avances tecnológicos, sino a que la comunicación medial no implicaba que los Hombres estuvieran más comunicados… Todo lo contrario.
Sin embargo, Simak, es esperanzador… En su obra, en que incluso se vislumbra un video juego de simulación, el protagonista trata de sobreponerse al odio de las personas, y nada mejor que comunicándose con seres más evolucionados, en su Estación de Tránsito…
Encontrando mi propia estación de Tránsito.
Hace muchos años, recibí como regalo de Navidad una máquina de escribir usada, de ésas con maletín… El persa de Teniente Cruz en Pudahuel fue la tienda de origen…
Al lado de la vieja Olivetti de un vecino mío que escribía trabajos escolares a pedido (al que conocí tiempo más tarde), era algo moderno, liviano, y cuando uno la tecleaba, los dedos no dolían (3). En esa época yo creo que poca gente había escuchado hablar de tendinitis… Para mí, a mis ocho años, era el mejor regalo de mi vida (tanto como el conejo César Cesitar, el Taca-taca hecho por las propias manos de mi abuelo –claro que según él sólo ayudó al Viejo Pascuero-, y la Gran Capital –versión Chancho del Metrópoli)…
Fuera de algunas historias tristes que me pasaron por la máquina, con ella escribí algunos cuentillos y poemas que llevé al taller literario de la Escuela Bau, donde fui hasta 4º Básico… Las Perlas Maravillosas, El Caballo Pablito y su Amigo Jumbo (ya existía la cadena de supermercados y creo que un poco de mi actual consumismo)… Y por supuesto, la publicación de la mejor revista escolar de todos los tiempos, la Gato Félix, estampada en los diarios murales de la escuela durante un solo semestre y repartida en una poquitas copias hechas con sténcil (4)…
Mis primos y su publicación de El Rebelde (5), en comparación, para mí eran algo así como Ray Bradbury (6) y su Teatro (ésa serie me alucinaba, pues, como saben, la TV siempre fue una inspiración para mí, y Bradbury ya era en mi mente pequeñita un genio, y eso que aún no leía Crónicas Marcianas o Fahrenheit)…
En el Colegio y Liceo ocupé la maquinita para mis trabajillos (salvo los tipeados por el vecino que les dije, quien cobraba por hoja, aunque a veces se caía en la ortografía, pese a que yo le dejaba los originales perfectamente revisados). En la U también. Mientras los profes nos pedían siúticamente unos “paper” (“peiiiper”), yo les entregaba trabajos a máquina mecánica y con borrones de corrector…
Así que la máquina mecánica fue reemplazada por una eléctrica en primer año de U: mi mamá me sacó una a crédito en La Polar…
Luego vino la Palm… Esa la compré yo, ya egresada de la U. Con ella escribí casi completa mi tesis y me sirvió mucho en el análisis de fallos…
Pero, escribir, lo que se dice escribir… Desde esos ocho a trece años, en que participé en concursos y exposiciones de colegio y comunales (El Principito lo tengo por el primer lugar en un concurso de poesía en Lo Prado, y Desolación por el segundo lugar en un concurso de poesía de los colegios Dagoberto Godoy y Metropolitano, donde estudiaba mi prima, claro que me tuve que hacer pasar por ella para participar), desde esa época, que no escribo…
Me compré el Benja PC con esa finalidad, retomar, luego de casi 20 años, el afán por la escritura…
Y sin querer queriendo estoy aquí, escribiendo en Internet, aunque me lean pocos, aunque a veces se rían de mí, y no precisamente por lo muy divertidos que sean mis escritos…
Y, de repente, estoy en un mundo tan distinto a aquél en que me llegó la máquina de escribir… Una vez, dije que atravesaría el umbral del futuro cuando me acercara a una puerta y ésta se abriera sola… Eso ya ocurre hace muchos años…
Ahora lo que me sorprende es que yo, que con gracia tenía una tele en blanco y negro, llamaba por teléfono sólo por emergencias en el almacén del barrio, que por suerte pude tocar un Atari una vez a la semana en clases de computación en el colegio (qué chiste) y cuando mi primo Claudio se dignaba prestarme el suyo (Claudio, eras demasiado cachilupi, porque tenías robot a control remoto, proyectora del Súper Ratón, bicicross BMX, pista de autos, persónal estéreo y Atari) (7), y que escribía en mi anaranjada máquina de escribir portátil sólo para mí (cuando salí de básica, como ninguna profe se interesaba en mi afán literario, cagué y no me atreví a mostrar más mi trabajo y con el tiempo hasta dejé de teclear)… hoy tenga contratadas cuatro líneas de celular, tenga laptop, haya tenido una Palm que se murió, y ahora, Internet en casa…
Y, sobre todo, que recién hace tan poco me atreva a mostrar mis letras… No crean que no me da vergüenza todavía, pero me hago la valiente...
Ya, eso.
PS: La versión más bacán de esta historia está en mi Blog. Al lado está el link (dónde dice “contactos vana_quilicura”)…
(1) http://www.ciencia-ficcion.com/autores/simakcd.htm
(2) http://www.analitica.com/bitblioteca/verne/sigloxx.asp
(3) http://www.telocompro.es/listado-maquinas-de-escribir-48
(4) http://es.wikipedia.org/wiki/Est%C3%A9ncil
(5) http://www.cinefania.com/tv/serie.php/17/
La primera historia que quiero contar en este blog es la de mi paso por Ovalle en Semana Santa. Paso que me conecta con mis amigos. Paso que me resetea. Tras un año de continuos reseteos... Eso me hace tan bien... La historia original fue publicada en mi fotolog (al que no abandonaré, pues me permitió hacer algo que tenía postergado desde la infancia: escribir para otros... 